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  • Constantino Camargo

EL CAMION DE LA VIDA



Todos de una u otra manera vamos transitando en nuestro propio “camión de la vida”, según sea nuestra decisión escogemos la vía por la cual lo conducimos, la forma de manejarlo para que no suframos ninguna avería, un recalentamiento o lo que sería peor, fundir el motor.


En nuestro tráiler, planchón o elemento de carga, somos nosotros quienes decidimos que tipo de carga vamos a transportar, su embalaje, como la acomodamos y distribuimos para tener éxito en la operación logística y entregarla en excelentes condiciones, completa sin ningún faltante y mucho menos con alguna avería. Si lo vemos desde otra óptica, independientemente del tipo de camión de nuestra vida, siempre y en todo momento debemos y estamos obligados a ser unos excelentes conductores, acatar todas las señales de tránsito, conducir con todas las precauciones para llegar sin novedad a nuestro destino.


Algunos conducirán vehículos pequeños, otros medianos y otra, parte vehículos con mayor grado de dificultad para conducir, pero todos para lograr nuestro objetivo debemos ser precavidos en nuestra manera de hacerlo. De igual manera cualquiera que sea el vehículo que escojamos recordemos que solo existe un solo conductor. Somos los responsables de esa conducción, nos encontraremos con trancones, semáforos en rojo, huecos, curvas abiertas y cerradas, vías anchas y angostas, sin embargo el objetivo es llegar sin ninguna novedad a nuestro destino.


Cuando me refiero al destino lo hago como el sitio de descargue de la carga más no del destino final al que todos los humanos algún día vamos a llegar, la muerte que sería semejante a la destrucción de nuestro vehículo. ¿Cuántos kilómetros habremos recorrido, como y de qué manera lo hicimos? Cada kilómetro, cada metro que hayamos recorrido, recorrido está, las llantas de nuestro vehículo ya se desgastaron y ese caucho ya no regresará a su lugar de origen, al igual que las palabras que ya hemos pronunciado. Cuantas veces en nuestro recorrido nos encontramos con las señales de límite de velocidad y por el afán de llegar más temprano o pronto hacemos caso omiso a ellas, lo que es peor nos pasamos semáforos en amarillo o rojo, colocándolo todo en riesgo, no solo la mercancía o carga sino nuestra propia vida.


Por eso hay que disfrutar de cada kilómetro recorrido y los paisajes que veamos durante nuestro recorrido, incluso disfrutar de la lluvia, el frio, el sol y el calor, la niebla que a veces no nos permite tener una visual más lejana para saber por dónde tomar de manera correcta el camino, sin chocarnos, salirnos de la vía. Hoy mí invitación es a tener en las mejores condiciones nuestro “camión”, conducirlo de la mejor manera, estar muy pendientes de su mantenimiento, de todo el estado en general, solo de esta manera llegaremos seguros a nuestro destino y en perfectas condiciones. Nuestra meta, la verdadera felicidad.

Constantino Camargo.


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